Cambio de cultura, camino a la mejora continua

Escrito por

Jaume Aldavert

el dia

15 07 2015
¿Realmente somos eficaces y eficientes? ¿Si nos baja la facturación podremos mantener nuestra estructura de procesos repletos de desperdicios? ¿Cuánto dinero perdemos cada día por culpa de no minimizar dichos desperdicios? ¿Qué nos puede aportar la cultura Lean a nuestra organización? ¿Qué momento es el oportuno para apostar por el cambio hacia la mejora continua? ¿Cómo romper con los malos hábitos que no aportan valor a nuestra empresa?
cambio mejora continua
El cambio es inevitable, el crecimiento es opcional

Toda organización tiene un modo propio, especial y muy característico de trabajar. Este estilo o funcionamiento para “afrontar el día a día” está completamente definido por su equipo humano, la actividad que desempeña la empresa, sus objetivos e incluso sus valores. Este método le ha servido para llegar hasta su situación actual. Es seguro, que con su modus operandi la empresa habrá crecido y lo que aún es más importante, incluso habrá afrontado con mayor o menor fortuna momentos de crisis.

Esta “cultura” se forma a base de los distintos hábitos que cada trabajador se ha forjado durante el transcurso de los años (desde el gerente o director general hasta los mismos operarios). Si estos hábitos no han sido “programados” o enfocados para satisfacer un fin concreto, es muy difícil que estos sean verdaderamente eficaces y eficientes para el negocio. Cada persona se construye su propio método de trabajo, en base a sus necesidades individuales, a sus viejas costumbres, a la cantidad o tipo de trabajo que le “toque” aquel día concreto… Cada uno apunta hacia una dirección distinta. Al tener objetivos distintos, la comunicación no se valora (puesto que no hay clima para la generación de sinergias). En este caso, podemos decir que, tenemos una organización lenta en la toma de decisiones.

Aun así, su funcionamiento actual  ha llevado a la empresa a ser lo que es (deseo que sea una empresa fuerte, con gran cantidad de clientes y mucho trabajo por hacer).  Llegados a este punto, suele aflorarnos la falsa creencia de que nuestro modus operandi focalizado en “apagar fuegos” es un gran modelo de trabajo y nos servirá también en el futuro para seguir prosperando. Un consejo, lo que funcionaba ayer, incluso hoy, probablemente no funcione mañana.

Es entonces, sobre todo si la empresa “va tirando”, que debemos plantearnos seriamente si estamos aprovechando todas las oportunidades o recursos que poseemos. Cuando las cosas nos van bien y hay bonanza, los problemas quedan tapados (existen, pero no son ningún estorbo). Es cuando la situación es crítica y los recursos escasos, que estos salen a la luz (entonces puede ser ya tarde para afrontarlos). Sea cual sea nuestra situación, mejorar la posición actual nos ara más fuertes y competitivos para afrontar el incierto futuro. Cualquier otro camino nos lleva a estar a la merced de nuestra suerte (es una época de grandes cambios sociales, tecnológicos, políticos… que pueden dejarnos fuera de mercado sin casi darnos tiempo de reacción).

Es pues, fundamental empezar a cambiar el “chip” de la organización cuando la situación es todavía estable. El cambio se debe iniciar en ambientes favorables (las resistencias a vencer serán mucho menores). Cuando la dirección toma la decisión de implementar un cambio cultural en la empresa es imprescindible hacerles llegar esta nueva filosofía a todos los trabajadores. Toda la organización debe ir entrando en la nueva dinámica, poco a poco, área a área.

En la nueva etapa, la organización irá focalizada en detectar para luego minimizar o suprimir todos los desperdicios que se generan, tanto en la cadena de valor como en procesos de soporte o estratégicos para la empresa. Con la reducción de desperdicios logramos ser más eficaces (más productivos, mejor servicio…) que a su vez nos lleva a ser más eficientes (optimizamos mejor los recursos). Todo este camino para adaptar la empresa a la cultura Lean irá acompañado de un proceso de mejora continua centrado a ofrecerle más valor al cliente y potenciar el intelecto de todos los trabajadores.

 

Jaume Aldavert, Director de proyectos de ServiConsulting

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